Israel Romero Alamo

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Demonios prehispánicos. Parte II: ¿Neoinca sí, cholets no?

Si en algo pueden estar de acuerdo varios arquitectos peruanos -encabezados por Frederick Cooper- es en la pobreza arquitectónica de la obra de Freddy Mamani Silvestre, catalogada -no sé si bien o mal- como ‘neoandina’ y vagamente como ‘cholets’.

"La producción de Mamani carece totalmente de valor arquitectónico y reposa más bien sobre una forma decorativa, producto de la crisis educativa en Bolivia. Hay un disfuerzo en la búsqueda de esa concurrencia de materiales estridentes, colores chirriantes y de una extravagancia estética que no le hace justicia al Tiahuanaco, sino que son una afrenta hacia su legado. Lo penoso es que este modelo se repite en plazas y parques de la sierra peruana, donde la ignorancia alumbra monumentos ridículos con velos progresistas". (Cooper, 2014)

Afirmaciones como estas están dentro de lo predecible. Me atrevería a decir que esta negación casi maquinal de la arquitectura de Mamani, en El Alto, Bolivia, tiene trasfondos más allá de los arquitectónicos. Estos pueden encontrarse en el útil artículo Incas sí, indios no de Cecilia Méndez.

Demonios prehispánicos. Parte I: Imposturas peruanas de ocasión

 Proy. Hotel en Machu Picchu. Emilio Harth Terré. Publicado en Cadelp N°05 (1933). Fuente: Ur[b]es N°03 (2006) p.221. Image Cortesía de Ur[b]es N°03 (2006)
Proy. Hotel en Machu Picchu. Emilio Harth Terré. Publicado en Cadelp N°05 (1933). Fuente: Ur[b]es N°03 (2006) p.221. Image Cortesía de Ur[b]es N°03 (2006)

La utopía por retomar lo prehispánico en la arquitectura del Perú –para quienes a veces indirectamente lo asumen como producto de catálogo– siempre vuelve, y con fuerza. Hoy el muestrario está de vuelta. Cabe preguntarse si esta vez ha regresado con las mismas credenciales de hace casi un siglo, o si simplemente aquel fantasma republicano de ‘amor propio’, envuelto entre ficción y culpa, ha regresado porque ya era su turno.