Un manifiesto de infraestructuras leves: experimentación informal y política

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Este artículo de Sebastián Trujillo Torres (Universidad Nacional de Colombia/CEPT University) fue publicado originalmente con el título "Un manifiesto de infraestructuras leves" en el número 28° 2020 de revista Dearq (DOI: https://doi.org/10.18389/dearq28.2020.03) y forma parte de una colaboración conjunta de difusión.

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Figura 1. Sebastián Trujillo Torres (2016). Vadodara Slums. Mapeo de procesos de desalojo y desplazamiento por parte del ayuntamiento de Vadodara (India), de comunidades en asentamientos informales en la ciudad. Esta investigación buscaba revelar los mecanismos de violencia estructural dirigidos a sectores vulnerables de la sociedad. . Image Cortesía de Revista Dearq

De la experimentación informal 

Aun como formato extinto, recordamos los manifiestos como evidencia transformativa del pasado siglo. Locuciones ya aparentemente anacrónicas, que reflejaban una atmósfera de convulsión planetaria por medio de recursos retóricos tan utópicos como apocalípticos. Sin embargo, los primeros manifiestos surgieron como evidencia de procesos político-sociales de interés público que se hacían accesibles a cualquiera. De manera progresiva, estos fueron adaptándose a una voz plural (“nosotros declaramos, requerimos”) proclamando futuros alternativos en el tiempo y espacio presentes.[1] Tanto es así que los manifiestos se convirtieron en la narración de posibilidades exigidas, más allá de vagas utopías: sin manifiestos, dejamos de inventar el futuro.[2] De ahí su relevancia hoy.

Por tanto, nos interesa la figura del manifiesto como partitura de valores reflexivos. Una composición para interpretar, que permita una participación específica dentro de una línea de investigación-acción del diseño urbano y arquitectónico. Un intento de establecer ‘otro’ sentido común en la disciplina, más allá de filosofías contingenciales de defensa frente a narrativas predominantes. Un plan operativo que parte de una escala pequeña, pero se encuentra decididamente alineado con aspiraciones transformadoras de grandes escalas.

Estos principios, sin embargo, se han desarrollado a través de la práctica. Aprendizajes del proyecto colaborativo de diseño-investigación:[3] Chaal.Chaal.Agency (CCA), que se han ido reforzando por medio de encuentros bibliográficos. Como agencia de apoyo a iniciativas de liderazgo comunitario, CCA trabaja entre la India y Colombia, especializándose en la experimentación informal de infraestructuras. El Manifiesto de Infraestructuras Leves es tanto una bitácora empírico-reflexiva como un índice de especulaciones disciplinares.

En ese sentido, partimos de lo experimental como una búsqueda por transformaciones radicales en el espacio, hacia prácticas y relaciones más equitativas. Cambios que irrumpen contextualmente de forma contraintuitiva,[4] no como incursiones cosméticas, sino como partícipes explícitos en procesos cotidianos en desequilibrios de poder. Por otro lado, situamos esto en la ‘informalidad’, no como locus socioeconómico, sino como “espacio de excepción”[5], donde estructuras burocráticas centralizadas no operan y las lógicas organizacionales se dan por medio de negociaciones más flexibles a nivel ciudadano.[6] En ese sentido, situamos este manifiesto en la experimentación informal como una manera de repensar la ‘praxis’ espacial[7], en contextos de maleabilidad frente a normativas prácticas, constructivas y propietarias.

Esto nos ha llevado a trabajar primordialmente en asentamientos autogestionados, donde existe una presencia precaria del Estado y las infraestructuras son una problemática vívida a solventar. Contextos que —a pesar de carencias fundamentales— cuentan con estructuras sociales complejas, de gran riqueza y con un interés especial en el desarrollo infraestructural. 

De ahí es que nos interesen las infraestructuras no como materia inerte, sino como instrumentos facilitadores de procesos políticos y sociales, proporcionales a la agencia individual.[8] Medios que también posibilitan la capacidad de acción colectiva, al manifestar en simultáneo los sesgos y las agendas gubernamentales.[9] En ese sentido, la infraestructura se entiende como movimiento e intercambio de recursos que establece parámetros de vivencia fundamentales al circunscribir el estatus socioeconómico, la relación con el Estado e, incluso, la integridad corporal y psicológica. Por lo tanto, imaginar la vida en ausencia o precariedad infraestructural, implica empatizarse con la experiencia histórica de una parte importante de la población urbana del sur global.

Así, una de las principales búsquedas de este manifiesto es cómo reimaginar y potenciar estas circunstancias reconocibles de disparidad social, como el motor operativo de un eventual proyecto disciplinar. Como diría John Holloway, una forma de “cambiar el mundo sin tomarse el poder”,[10] actuando desde posibilidades y limitaciones actuales, hacia la búsqueda de un presente aspiracional de mayor equilibrio y proporcionalidad.

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Figura 2. Chaal Chaal Agency (2019). Paani Lari. Proceso de construcción de un dispositivo de filtración de agua móvil y equipamiento comunitario para el asentamiento de New Faisalnagar en Ahmedabad (India).. Image Cortesía de Revista Dearq

Siendo la infraestructura intrínsecamente política

Antes que nada, vale aclarar que la infraestructura se entiende —generalmente— como un conjunto de sistemas que soportan a la ciudad de manera operativa. Una serie de redes interrelacionadas que proporcionan diferentes recursos o servicios y se manifiestan mediante construcciones sobrehumanas definidas por técnicos o especialistas presuntamente “objetivos” (lo cual es desarrollado en profundidad por Anand et al., en el libro The Promise of Infrastructure).

Ahora, más que una entidad claramente definible, nuestro trabajo de campo nos ha llevado a entender la infraestructura como un conjunto complejo de procesos sociales, materiales y tecnológicos en constante transformación, al ser el podio de las pugnas del poder político y de las incertidumbres económicas que modelan y polarizan nuestras ciudades. En ese sentido, Graham y McFarlane contribuyen con su exploración del papel social que tienen las infraestructuras como mediadoras entre instancias de ciudadanía, mecanismos de control e, incluso, como foco relevante de experimentación en iniciativas contra el cambio climático.[11] Empero —más allá de eso— nuestro propósito es enmarcar las infraestructuras como mecanismos sensibles al contexto, que pueden ser crecientemente condicionados por la participación y las expectativas de sus usuarios; por nosotros mismos.

En esa medida, es importante resaltar cómo la infraestructura se asimila de modo convencional a un discurso limitado exclusivamente a expertos especializados, burócratas y administradores; mientras que diseñadores y ciudadanos tienden a ser excluidos de los desarrollos e implicaciones que estas conllevan. Una exclusión por intención, omisión o incluso elección propia. A pesar de ser una parte integral del paisaje que incorpora marcos tan políticos como poéticos,[12] las infraestructuras, a menudo, pasan inadvertidas para aquellos que supuestamente están a cargo de pensar y actuar en nuestros espacios cotidianos compartidos. Los diseñadores están ausentes. Peor aún, nosotros, como ciudadanos, tenemos muy poca agencia para actuar dentro de estas condiciones dada la naturalización del monopolio gubernamental sobre las infraestructuras, sobre todo en contextos del sur global.

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Figura 9. Chaal Chaal Agency (2019). Gyaan Ashray. Ankitaben y sus alumnos.. Image Cortesía de Revista Dearq

Así, aparte de circunstancias de activismo comunitario, las infraestructuras tienden a concebirse como un conjunto de procesos crípticos y aislados, delimitados a una élite decisoria, formada por sistemas aparentemente meritocráticos que, en muchos casos, son mediados por procesos sesgados de informalidad institucional.[13] La infraestructura, en ese sentido, tiende a emerger en la esfera pública en la medida en que esté alineada, de forma premeditada, con agendas gubernamentales o demagógicas. Tal como lo describe Partha Chatterjee, en The Politics of the Governed, somos vistos como poblaciones en lugar de ciudadanos: la infraestructura se adopta como una estrategia instrumental para movilizar “bancos de votación” bajo la promesa de derechos, los cuales finalmente suelen ser negados para privilegiar o preservar derechos de propiedad y la perpetuación de órdenes establecidos.

La situación inversa, sin embargo, también ocurre. Las ‘poblaciones’, a menudo, parecen entender su poder y valor como bancos de votación y, por lo tanto, pueden reclamar el acceso a infraestructuras a cambio de lealtades de voto: las poblaciones también pueden utilizar las estructuras de poder existentes a su favor con el fin de a transformar positivamente el entorno construido. No obstante, esta relación suele estar mediada por mecanismos operacionales restrictivos, condicionados por una centralización que tiende a coartar la agencia ciudadana y comunitaria, mediante el empleo de esquemas burocráticos redundantes.

Esto, evidentemente, es bastante problemático. No solo porque la infraestructura es en sí misma el escenario para la democracia, sino porque, al mismo tiempo, constituye la salvaguardia de la individualidad. Infraestructura es sinónimo de lo público pero, a la vez, como categoría, pertenece también a algo en extremo privado e íntimo. 

De esta manera, desde el diseño urbano al industrial —pasando por cualquier escala arquitectónica— la incidencia infraestructural es constante e insondable. Inevitable, no solo desde una perspectiva operativa, sino incluso desde un nivel simbólico, ya que la infraestructura puede ser representativa del funcionamiento de una cultura: mientras que su ausencia o deterioro puede ser signo de sociedades disfuncionales, en otros casos puede ser evidencia de resiliencia e ingeniosidad.[14]

Asimismo, es claro que la disociación de las disciplinas de diseño frente a temas infraestructurales tiene que ver tanto con el monopolio gubernamental como con el valor del diseño mismo en contextos del sur global. Esto implica una necesaria reconsideración del papel de los diseñadores y su eventual consolidación como agentes de cambio en la sociedad: ¿nos hemos convertido en embellecedores del crecimiento capitalista y la disfunción gubernamental o tenemos alguna agencia política?

Estamos convencidos de que este monopolio debe romperse, de la misma manera en que el diseño debe revalorizarse. Lo primero implica una recuperación de la ciudadanía por fuera de canales precondicionados, la reinvención de políticas colaborativas y la fabricación de nuevas dinámicas organizacionales; mientras que lo segundo implica rediseñar nuestras prácticas como motores fundamentales para lograr esos cambios. De esa manera, si bien esto conlleva legitimar el diseño como una práctica no necesariamente orientada a lógicas de rendimiento y consumo, también implica la ampliación de sus alcances. Una expansión hacia la conciencia y la agencia sistémicas, capaces de transformar las lógicas predominantes de producción infraestructural (basadas exclusivamente en la rentabilidad financiera) y hacerlas obsoletas, al exponer sus insuficiencias y limitaciones.  

El diseño no solo necesita una nueva agenda; necesita un nuevo valor. La infraestructura acciona en ambos vectores.

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Figura 3. Chaal Chaal Agency (2017). Apni Lari. Prototipo para dispositivos de comercio informal y vivienda de emergencia en la ciudad de Ahmedabad (India).. Image Cortesía de Revista Dearq

Como crimen sin criminal o como posibilidad solidaria

Recapitulemos: la infraestructura funciona como mediadora de relaciones de poder entre grupos o individuos —coartando o facilitando la vida; de ahí su condición política—. Ahora, más allá de eso, nos interesa explorar la variabilidad de esta mediación. Nos interesa determinar cómo puede funcionar como vehículo para la violencia estructural o, por el contrario, como herramienta para la solidaridad activa. 

Empecemos, así, con las debidas definiciones. La violencia estructural, entonces, no es simplemente un fenómeno de exclusión circunstancial o una prohibición implícita de acceso a recursos específicos (agua, electricidad, alimentos, etc.), sino una supresión sistemática de capacidades para adquirir reconocimiento institucional y derechos legales.[15] Factores que definen a la ciudadanía en sí misma, de los cuales podemos destacar aquí la infraestructura. Esta emerge como parte del contrato social entre un órgano rector y los gobernados, la cual se utiliza —en muchos casos— como un medio de privación de derechos.

La forma más elemental de violencia estructural se produce al impedirle a alguien desarrollar sus capacidades al máximo; un proceso difícil de identificar al agente responsable. La violencia estructural es impersonal. Está incrustada en estructuras de poder institucional y compuesta por lineamientos abstractos e inmutables. Crimen sin criminal. En ese sentido, la infraestructura puede ser un medio que manifieste estas prácticas, ya sea por su ausencia o diseño precario y deficiente. Secuelas anticipadas, dada la producción de arbitrariedad burocrática o administrativa involucradas en las prácticas de gestión usualmente detectadas en instituciones gubernamentales. De forma silenciosa y extensa, las infraestructuras desempeñan un papel muy importante como agente biopolítico asimilable a condiciones de exclusión sistémica.

Estas violencias abstractas y codificadas pueden, sin embargo, llegar a manifestarse de modo concreto. Actos explícitos de violencia física o desplazamiento forzoso por parte del establecimiento que resultan de la priorización de agendas particularizadas por encima del bienestar de ciertos grupos sociales, cuyo estatus de ciudadanía es convenientemente desvirtuado. En ese sentido, en la figura 1 se ejemplifica esto, a través de un mapeo de desalojos y demoliciones de asentamientos informales por parte del ayuntamiento de Vadodara (India). Un estudio geográfico de evacuaciones sistemáticas de poblaciones vulnerables, en contraposición a los mecanismos y estrategias utilizadas por el establecimiento para su justificación: la reducción de poblaciones a números abstractos sin agencia o representación, la simulación de conflictos como coartada para respuestas de emergencia y la proyección de un modelo cultural de higiene moral para eliminar la ‘ciudad fea’. El mapa se constituye tanto como compilación de evidencias, así como argumentación de la existencia de violencia estructural; punto de partida de desarrollo infraestructural en la ciudad de Vadodara.

Ahora, más que permanecer en un estado de denuncia, de este reconocimiento surgen dos preguntas que nos pueden ayudar a entender la agencia del diseño en el asunto. Por un lado, ¿es posible apropiarse y reorientar procesos de construcción y planificación infraestructural, en los casos que evidencien claras condiciones de violencia estructural? Por otro, ¿cómo potenciar la función política y social que posee este medio, de modo que se puedan desencadenar cambios positivos en el entorno urbano, más allá de las convencionales pautas monofuncionales?

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Figura 6. Chaal Chaal Agency, Ronak Shah (2019). Gyaan Ashray: mapeo de desarrollos conceptuales, comunitarios y constructivos.. Image Cortesía de Revista Dearq

Aquí es donde entra a jugar la solidaridad.

Cuando hablamos de solidaridad, nos referimos a una forma de contrarrestar ecuaciones de poder desiguales. Una manera de abrir espacios donde agencias marginalizadas puedan participar en procesos de toma de decisiones. Esto, evidentemente, exige desmantelar sistemas de privilegio desproporcionados, para promover la ejecución de objetivos comunes entre grupos marginalizados. Así, la solidaridad activa se puede entender como un conjunto de acciones coordinadas, dedicadas a la deconstrucción de prácticas de marginalización con un lente interseccional, por medio de la manufactura de escenarios sociales alternativos.[16] Así, una infraestructura de la solidaridad activa —en contraste con la de la violencia estructural— es precisamente la que abre espacios para la oportunidad política. La capacidad de participar, decidir y actuar de modo colectivo en una agenda aliada e interseccional. Es la capacidad de magnificar la agencia de geografías sociales omitidas.

Luego, estas consideraciones son relevantes dentro de territorios muy específicos. Geografías en las que la informalidad no solo es una estructura subyacente, sino también en las que la ausencia o negligencia del Estado han fomentado la aparición de sistemas de autogestión, que con frecuencia permiten el surgimiento de otras estructuras de democracia contingente. Por lo tanto, vale la pena hacer hincapié en que la posibilidad de reapropiación y potenciación de estos procesos de construcción de ciudad a través de la acción directa, la colaboración ciudadana y el activismo comunitario es no solo un proyecto legítimo, sino necesario.

Esto se puede ejemplificar con los procesos llevados a cabo con el proyecto Paani Lari (fig. 2), cuyo propósito es suministrar servicios de potabilización de forma frugal y accesible. Está localizado en New Faisalnagar, un asentamiento informal a las afueras de la ciudad de Ahmedabad (India), que contrae problemáticas infraestructurales importantes (sobre todo en términos de suministro de agua), por lo que el proyecto plantea una unidad de filtración que circula sus calles y complementa servicios infraestructurales, por medio de la capitalización de ecologías sociales locales. 

La apropiación de este medio, es decir, la infraestructura, lo consideramos una agenda imprescindible.[17] Una rearticulación destinada a ser utilizada con flexibilidad, bajo lógicas de conciliación y progreso sensible. Una ambición proyectiva basada en la estrategia de la levedad; estructuras no agobiadas por los pesos de la burocracia, las agendas políticas centralizadas y las secuelas consecuentes de su ethos violento.

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Figura 4. Chaal Chaal Agency (2019). Kitaab Lari. Biblioteca móvil propuesta para el asentamiento de New Faisalnagar en Ahmedabad (India), que hace infraestructuras educativas accesibles por medio de un dispositivo móvil autogestionado.. Image Cortesía de Revista Dearq

Para un lenguaje leve de la no violencia

La levedad es un lenguaje de diseño “suelto”.[18] No atado a pesos hegemónicos anteriores. Una potencialidad que existe por fuera de delimitaciones categóricas absolutas: en términos de función, composición y temporalidad no se forja dentro de definiciones rígidas e inmutables, sino, más bien, a través de nociones de funcionamiento flexibles. Podríamos decir, entonces, que las infraestructuras leves son aquellas predispuestas a la evolución, la adaptación y la transformación por circunstancias plurales y para estas. Son en sí mecanismos de hibridación, ya que amalgaman condiciones de uso dispares: son polifuncionales en el sentido más amplio, lo que significa que operan desde una perspectiva descentralizada, al tener vínculos débiles con formas de organización estática.

Su orden no es definitivo o claro y sus mecanismos de control son imprecisos.

Aunque la levedad es un principio derivado del peso físico relativo, nos interesa su referencia a una relativa presencia. Permanencia indeterminada. Las infraestructuras leves proporcionan utilizaciones sustantivas por medio de un mínimo uso de recursos —y consumo de energía—. La levedad alude a que estas pueden ser fácilmente intervenidas o transfiguradas y a que, incluso, puedan fácilmente dejar de existir, mientras aseguran un impacto sustancial en entornos urbanos. Unidades habitacionales en miniatura, comercios móviles y dispositivos comunitarios itinerantes consolidan esta agenda (fig. 3), como parte de sistemas coordinados de planificación urbana más amplios. Sistemas transicionales para la integración de economías informales, implementación de seguridad ciudadana por autorregulación y construcción de resiliencia a futuro.

Bajo esta lógica, una biblioteca puede ser un dispositivo de transporte y un espacio de juego, sin siquiera edificar cimientos (fig. 4), así como una unidad de potabilización puede ser un espacio pedagógico y un lugar de reunión comunitaria, en una ubicuidad que le permita situarse en varias locaciones durante el día (fig. 2). Se pueden abordar necesidades infraestructurales mientras se trabaja con capacidades de materialidad mínimas. Reducción radical de la huella, por medio de mediaciones aparentemente intrascendentes, al tiempo que se proporcionan requerimientos fundamentales para la vida urbana, que incentiven el desarrollo de sistemas infraestructurales más completos y adecuados. 

Asimismo, estas lógicas de la no monumentalidad y la apertura hacia diversas apropiaciones configuran las infraestructuras leves como parte de un proyecto más amplio y decididamente contrapuesto a la violencia estructural. En esa medida, podemos asociarlas a la no violencia, al conformarse como instrumentos de experimentación política opuestos a ímpetus destructivos. Vale la pena precisar la no violencia no como un ejercicio pasivo, introspectivo y solitario, sino como un proyecto colectivo, enérgico y vigoroso. Una proyección estratégica que se opone de modo contundente a procesos de destrucción y muerte, casi como una barrera física que impide que la violencia hiera a aquellos cuyas vidas no son “lamentables” —o sea, que no merezcan duelo—.[19] Una labor que consideramos pertinente a la práctica de diseño, ya que implica la elaboración de vocabularios espaciales por fuera de los ‘pesados’ modismos institucionales: inventar lenguajes de mayor levedad.

Metodológicamente, algo cercano al carácter del juego: diseñar ‘levemente’ presupone una actitud desafiante pero estratégica, que confronte el peso de la monumentalidad, la carga de la ortodoxia y las problemáticas de la contaminación, respondiendo con réplicas mínimas, frugales y silenciosas. La ‘levedad’ se basa en la burla y el humor, siendo ingenioso y rápido a través de objeciones imprevistas. En apariencia un juego de azar, pero subversivamente una operación de planificación tácita. Una práctica de negociación, en la que el diálogo y el aprendizaje, incluso las palabras en sí mismas, se convierten en materiales de construcción.

El Katha Peti (fig. 5) ilustra lo anterior, al proponer infraestructuras simbólicas como un problema de flexibilidad, pluralidad y transitoriedad. En sí, este proyecto respondía al desafío de monumentalizar la victoria sobre los ataques terroristas en Mumbai de 2008, problematizado implícitas narrativas nacionalistas y hegemónicas. Sin embargo, la propuesta se concentró en vivificar la arquitectura (como lugares de intercambio y diálogo) por medio de dispositivos apropiables por diversas agencias (activistas, académicos, ciudadanos, militares, etc.) que negociaran el espacio público por medio de mecanismos movibles e intercambiables (el juego como pretexto).

De esta manera, las infraestructuras leves se proyectan como mecanismos para examinar, probar y descubrir lenguajes espaciales de la no violencia, al consolidarse como plataformas de aprendizaje en interacción y construcción colectiva. Formas de comunicación que operan por fuera del establecimiento de la violencia. Un experimento político-espacial. 

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Figura 5. Chaal Chaal Agency (2017). Katha Peti. Dispositivo urbano que reformula el carácter de las infraestructuras memoriales en la ciudad de Mumbai (India).. Image Cortesía de Revista Dearq

“O inventamos o erramos”

Simón Rodríguez, el famoso pedagogo venezolano y tutor de Simón Bolívar, resume con sus palabras el esfuerzo teleológico de este manifiesto, específicamente, en términos de la relación entre liberación y experimentación política: “La América Española es orijinal = orijinales han de ser las Instituciones i su Gobierno = i orijinales los medios de fundar uno y otro. O Inventamos o Erramos”.[20]

Lo que argumenta Rodríguez es que reproducir sistemas organizacionales —pensados y practicados en circunstancias divergentes— no es una opción, dado que esto conduce inevitablemente al error. Nuestro desafío es, necesariamente, el de la invención. Por tanto, más que un inventario de respuestas, este manifiesto es un llamado a la invención. Una instigación a reconsiderar posibilidades de desarrollo infraestructural no dentro de lógicas de expansión ilimitada (basadas en la producción, consumo y disposición de recursos limitados), sino a partir de la coordinación sistémica de modelos políticos sostenibles, dependientes de la conjunción de actividades sinérgicas, solidarias y colaborativas en distintas escalas. 

El Gyaan Ashray (hindi para “refugio del conocimiento”), en gran medida, materializa estas aspiraciones (figs. 6-9). Localizado en Behrampura —un asentamiento autogestionado en el sureste de Ahmedabad—, se consolida como un refugio de valiosas iniciativas de liderazgo comunitario local. Desde hace un par de años, algunas mujeres de esta comunidad Valmiki se reúnen cada tarde en una de las terrazas del vecindario para aprender aritmética, leer y escribir. Una iniciativa que surgió de dificultades elementales para llevar a cabo tareas cotidianas, pero que ha resultado en un proyecto de empoderamiento que ha venido involucrando a diversas organizaciones, para estructurar un ambicioso futuro. Nuestro rol como diseñadores consistió en la coordinación de un proyecto pedagógico-constructivo, en colaboración con CEPT University, para materializar junto con un grupo de estudiantes este proyecto de infraestructuras leves. Sin embargo, lo que inició como un salón de clases retraible, ha venido desarrollándose como un epicentro donde se vienen consolidando infraestructuras sociales, políticas, culturales y económicas, dado que las lideresas a cargo del proyecto lo han tomado como justificación para organizar convocatorias, eventos, reuniones y otros procesos de desarrollo localizado. 

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Figura 10. Chaal Chaal Agency (2020). Módulos FLIP. Colaboración con la comunidad de los barrios Corinto y Manantial en San Cristóbal Sur (Bogotá, Colombia). Infraestructuras móviles para la educación y la memoria comunitaria.. Image Cortesía de Revista Dearq

En esa medida, las aspiraciones especulativas de estas infraestructuras leves están alineadas no solo a asumir los desafíos de desmaterialización estratégica (y la eventual reapropiación de sistemas de provisión de recursos), sino también a afrontar desafíos de reorganización económico-política desde una escala ciudadana. “Lo pequeño es hermoso”, en lugar de “cuanto más grande, mejor”.[21] Por tanto, asumir tales complejas singularidades contextuales del sur global, implica la adopción de procesos responsables de diseño basados en prueba y error, a fin de inventar adecuadamente prácticas espaciales alternativas. No una invención que parta de la tabula rasa (el golpe de genialidad “¡Eureka!”), sino de algo más cercano a los principios del adhoc-ismo.[22]

Arquitecturas en evolución que —aun cuando pueden ser inicialmente malinterpretadas como intervenciones objetuales— se establezcan como mecanismos transicionales, con un enfoque de desarrollo ‘decreciente’.[23] Mecanismos capaces de desencadenar transiciones a sistemas infraestructurales conformados de manera vigorosa, que materialicen agencias ciudadanas y la no violencia. Lo que comienza con una respuesta pequeña y excepcional puede desencadenar la transformación de un barrio, una ciudad e, incluso, una disciplina. Así, las infraestructuras leves suponen la incorporación de los procesos invisibles que soportan la vida urbana, dentro de los procedimientos del diseño mismo, haciéndolos partícipes en las relaciones de poder cotidianas bajo disposiciones más equitativas. Protocolos abiertos para el progreso ecológico, desarrollos pedagógicos y reestructuraciones económicas.

En definitiva, se trata de cambiar el mundo a través de una revolución gradual y no violenta en el entorno construido, que conduzca a una etapa aún por nombrar. Una transmutación de los significados y las materialidades que componen nuestras infraestructuras a una necesaria levedad.

Referencias

  • [1] Caws, Manifesto: A Century of Isms.
  • [2] Srnicek y Williams, Inventing the Future.
  • [3] Diseño-investigación es un área de estudio relativamente reciente dentro de las disciplinas del entorno construido, en la que se vienen desarrollando metodologías del hacer y pensar, donde tanto el diseño como la investigación se utilizan de forma entrelazada, intercambiable y sin diferenciación binaria. Fraser, Design Research in Architecture.
  • [4] Gausa et al., The Metapolis Dictionary of Advanced Architecture.
  • [5] Roy, “Why India cannot Plan its Cities”.
    [6] Sundaresan, “Urban Planning in Vernacular Governance”.
  • [7] Cruz, “Returning Duchamp’s Urinal to the Bathroom?”.
  • [8] La agencia, según el sociólogo Anthony Giddens, es la capacidad de un agente (individuo) para actuar independientemente de las estructuras de poder que conforman un entorno cultural. Mientras que la religión, el capitalismo o el patriarcado podrían clasificarse como estructuras que de alguna manera determinan una serie de relaciones jerárquicas en la sociedad, el escepticismo o incluso el activismo podrían entenderse como formas de ejercer agencia dentro de estas. Giddens, The Constitution of Society.
  • [9] Renu Desai explora esta temática de forma particularizada en “Uneasy Negotiations: Urban Redevelopment, Neoliberalism and Hindu Nationalist Politics in Ahmedabad, India” (2006).
  • [10] Holloway, Change the World Without Taking Power.17.
  • [11] Graham y McFarlane, Infrastructural Lives.
  • [12] En “The Politics and Poetics of Infrastructure”, Brian Larkin argumenta que, aparte de ser “materia que permite el movimiento de otra materia” (p. 329), la infraestructura tiene una condición ontológica muy particular que nos obliga a teorizarla como tecnología. Como tal, nos impulsa a pensar en ella como algo que media intercambios e interacciones y, por lo tanto, predispone a ciertas relaciones de poder implícitamente diferenciales. Además, agrega que estas “tecnopolíticas” tienen la singularidad de incorporar diversos propósitos, más allá de los objetivos pragmáticos, explícitos y funcionales que aparentemente caracterizan estas construcciones. Propósitos posibles de ser reafirmados mediante la liberación de componentes simbólicos asimilables a las prácticas estéticas. Por tanto, la infraestructura contrae una constitución poética: deseos y promesas que se reiteran a través de la manipulación intencional de condiciones formales utilizadas para promover agendas políticas más amplias.
  • [13] Según Ananya Roy, los ciudadanos de los grupos de ingresos medios y altos violan reglamentaciones institucionales —para sus propios beneficios— tanto como los grupos de bajos ingresos. Incluso, el Estado mismo en este asunto no estápara nada desprovisto de informalidad, dado que a menudo subvierte sus propios reglamentos para acumular riqueza, acelerar ciertos proyectos priorizados o cambiar equilibrios de poder a su favor. La informalidad, entonces, no es sinónimo de pobreza —o incluso de una falta de regulación accidental—, sino de una desregulación diseñada. Roy, de esa manera, conceptualiza la informalidad como una estrategia de planificación característica del sur global, en la cual el Estado suspende inadvertidamente sus propias regulaciones para afirmar su propia soberanía sobre la justicia y los recursos públicos, alineados estos, por supuesto, con sus búsquedas estratégicas. Roy incluso llega a afirmar que la informalidad es una característica integral del poder estatal en el sur global, dado que se utiliza de manera flexible en el manejo de las prácticas de poder territorial. Roy, “Why India cannot Plan its Cities”.
  • [14] Más allá de las sobresimplificaciones de la teoría de las ventanas rotas, en referencia al artículo “Broken Windows” de George L. Kelling y James Q. Wilson, de 1982, cuya hipótesis consiste en que mantener un paisaje urbano en buenas condiciones afecta directamente la disminución de las tasas de vandalismo y delincuencia. Una reducción excesiva de dinámicas socioespaciales a una ecuación ingenua, dado que los factores perjudiciales de un entorno urbano suelen ser síntomas de procesos estructurales más amplios, que se entrelazan a través de condiciones muy complejas e incluso circunstanciales. Esa imagen de descomposición (ventanas rotas) termina siendo una resultante de dinámicas profundas de deterioro.
  • [15] Gupta, Red Tape: Bureaucracy, Structural Violence, and Poverty in India.
  • [16] Einwohner et al., “Active Solidarity: Intersectional Solidarity in Action”.
  • [17] Un proyecto más amplio que se encuentra inscrito dentro de una historia bastante rica. Precisamente, Spatial Agency: Other Ways of Doing Architecture, de Nishat Awan, Tatjana Schneider y Jeremy Till, documenta de forma exhaustiva una multiplicidad de prácticas alrededor del mundo que —vistas por medio de un fértil marco teórico— estructura una narrativa de disidencia disciplinar fundamental. Otras formas de hacer arquitectura, diseño urbano y disciplinas afines, como procesos basados en la colaboración y cooperatividad ciudadana.
  • [18] Fanck y Stevens, Loose Space: Possibility and Diversity in Urban Life.
  • [19] Butler, The Force of Nonviolence.
  • [20] Esta cita está tomada literalmente de las Obras completas (1, 343) de Simón Rodríguez.
  • [21] Schumacher, Small is Beautiful.
  • [22] Charles Jencks y Nathan Silver escribieron Adhocism: The Case for Improvisation, en 1972, y produjeron un clásico de culto inmediato. Como es bien sabido, ad hoc significa “para esta necesidad y propósitos específicos” y, como tal, se toma como punto de partida para proponer un enfoque general y laxo para la resolución de problemas. El adhoc-ismo, por lo tanto, funciona como una amalgama de lo no esencial, lo fortuito e incluso lo redundante; vectores de multiplicidad que se permiten incorporar en ecuaciones de diseño. Un conjunto abierto, sugerente y rico de patrones, que combinan subsistemas fácilmente disponibles y que son empleados espontáneamente a través de la lógica del palimpsesto, el bricolaje o el cadáver exquisito. Del mismo modo, al apropiarse y rearticular sistemas de conocimiento previos en una etapa anterior a la síntesis armónica, el adhoc-ismo —como metodología de diseño e investigación— abre una brecha significativa para accidentes felices y adaptaciones plurales, que pueden conducir a encuentros imprevistos. De hecho, la práctica del adhoc-ismo sigue condiciones que están más cerca de la cultura del DIY (siglas en inglés para do it yourself: hágalo usted mismo), al depender de la subjetividad y de necesidades circunstanciales, para fomentar el diseño de objetos de funcionamiento múltiple, que apunten a una articulación razonable y significativa del entorno. Un proceso que evidentemente celebra la imperfección de las cosas (por lo tanto, su capacidad evolutiva), así como el valor de la participación abierta en la búsqueda de invenciones apropiadas.
  • [23] El decrecimiento es un concepto económico relativamente reciente que apunta precisamente a la descolonización del discurso público —propio de una mentalidad modernista—, el cual aboga implícitamente por el consumismo, la depredación de recursos naturales y el mantenimiento de jerarquías financieras perniciosas. El decrecimiento propone repensar la producción no como un proceso impulsado únicamente por el rendimiento financiero y la satisfacción de apetitos inmediatos del consumidor, sino como un proceso más integral que responda a necesidades mesuradas. En otras palabras, regular la liberalización. La economía, entonces, se convertiría en un medio para equilibrar la justicia social, la sostenibilidad ambiental y las necesidades del consumidor. Kallis, In Defense of Degrowth.

Bibliografía

  1. Anand, Nikhil, Akhil Gupta y Hannah Appel. The Promise of Infrastructure. Durham and London: Duke University Press, 2018.
  2. Awan, Nishat, Tatjana Schneider y Jeremy Till. Spatial Agency: Other Ways of Doing Architecture. New York: Routledge, 2011.
  3. Butler, Judith. The Force of Nonviolence: The Ethical in the Political. London: Verso, 2020.
  4. Caws, Mary Ann. Manifesto: A Century of Isms. Lincoln, NE: University of Nebraska Press, 2001.
  5. Chatterjee, Partha. The Politics of the Governed. Delhi: Permanent Black, 2004.
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Sobre este autor/a
Cita: Sebastián Trujillo Torres. "Un manifiesto de infraestructuras leves: experimentación informal y política" 29 abr 2021. ArchDaily Colombia. Accedido el . <https://www.archdaily.co/co/960847/un-manifiesto-de-infraestructuras-leves-experimentacion-informal-y-politica> ISSN 0719-8914

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