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Miguel Fisac: de lo tectónico a la arquitectura

Miguel Fisac: de lo tectónico a la arquitectura
Miguel Fisac: de lo tectónico a la arquitectura, IBM building, Miguel Fisac, Madrid. Image © Cecilia [Flickr bajo licencia CC BY-NC 2.0]
IBM building, Miguel Fisac, Madrid. Image © Cecilia [Flickr bajo licencia CC BY-NC 2.0]

Curioso, inquisitivo y tenaz, Miguel Fisac [1913-2006] aprendió haciendo. Fascinado por la tecnología y la construcción, su experiencia directa en obra suplió todo aquello que ni la universidad ni los libros supieron enseñarle o alcanzaron a transmitirle. Con un comienzo que podría ser tildado de "academicista", en pocos años el arquitecto ciudadrealeño consigue desprenderse de esta actitud para recurrir sucesivamente a fábricas de trazas orgánicas o vigas de lógica ósea. Todo ello fundamentado en un empeño intrínseco y personal por hacer una arquitectura humanizada y afín a la técnica.

Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Miguel Fisac, Punta Umbría. Image © Pablo Guillén Llanos [Wikimedia bajo licencia CC BY-NC 3.0]
Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Miguel Fisac, Punta Umbría. Image © Pablo Guillén Llanos [Wikimedia bajo licencia CC BY-NC 3.0]

Miguel Fisac fue un arquitecto de un talento excepcional al que la fortuna le sonrío, de una manera u otra, de forma temprana. No obstante, tanto la fortuna como la fama son compañeras caprichosas y, aunque no lo parezca, también entidades independientes la una de la otra. Fisac contó con fortuna, es cierto; y bien lo constata el hecho de recibir la adjudicación para construir varios edificios para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas [CSIC] en la Colina de los Chopos [1942-48]. Sin embargo la fama no fue tan fiel aliada. Siendo un arquitecto sobradamente reconocido en su época en el territorio nacional, dicha fama le eludió fuera de los confines de España. Con inciertos motivos, podría hacerse una aproximación de que las razones que a ello llevaron fueron la de una expresión formal de dimensión casi ecléctica y la de una actitud indudablemente tectónica, algo difícilmente compatible con el raciocinio conceptual y la actitud de ahorro material imperantes en la época, impulsadas por los metodistas modernos.

Sobre este punto hay que señalar también que su obra resulta difícil de catalogar, en términos profesionales, debido a que en ocasiones se asemeja más al trabajo de un ingeniero con sensibilidad que al ejercicio o los quehaceres de un arquitecto. Por lo tanto, podemos afirmar que la expresión y la invención estructural han sido siempre temas centrales de su sintaxis arquitectónica, y podría decirse que su producción tiene más en común con la obra del uruguayo Eladio Dieste que con sus coetáneos españoles. Hay algo en su arquitectura que parece más latinoamericano que ibérico, más tectónico que moderno, más impulsivo que racional. Quizá se deba a la desarmante franqueza con la que dota a sus soluciones; a esa sensación de que cada obra encuentra su lugar casi sin esfuerzo; algo parecido a lo que ocurre, por ejemplo, con Óscar Niemeyer, quien a partir de sus expresivos e ilusorios croquis iniciales impulsa el proyecto hasta una conclusión convincente.

Iglesia de Nuestra Señora de la Coronación, Miguel Fisac, Vitoria. Image © ekainj [Flickr bajo licencia CC BY-NC 2.0]
Iglesia de Nuestra Señora de la Coronación, Miguel Fisac, Vitoria. Image © ekainj [Flickr bajo licencia CC BY-NC 2.0]

La capilla del Espíritu Santo [1942], anticipa inconscientemente las bóvedas de cerámica armada que unos años más tarde desarrollaría el propio Eladio Dieste en Montevideo. En este mismo lugar encontramos un aspecto fundamental de la arquitectura de Fisac: su interés particular por la articulación e iluminación de los techos, apareciendo por primera vez en la biblioteca de la Fundación Goerres [1947].

Fisac verá reflejada dicha afinidad por la estética del espacio interior, por la fisuración y la compartimentación de la luz, durante su viaje a Escandinavia en 1949. A partir de este momento, su arquitectura presentará muchos rasgos del humanismo nórdico; sobre todo en los interiores de sus edificios públicos y en los conjuntos institucionales de factura orgánica que integran el grueso de su carrera hasta mediados de los años 50.

Estas construcciones de ladrillo, combinado con su método proyectual, resumido en tres metódicas preguntas —¿dónde?, ¿qué?, y ¿cómo?—, le llevaron a patentar un nuevo tipo de ladrillo hueco dotado de una serie de cámaras aislantes bajo un perfil que permitiría simultáneamente la evacuación del agua. Este ladrillo se utilizó por primera vez en el Instituto de Microbiología Ramón y Cajal [1949-56]. Posteriormente, por medio de la cubierta en diente de sierra empleado en el Instituto Laboral de Daimiel [1950-53], Fisac comienza a adentrarse hacia su segunda fase dentro de su carrera profesional; es decir, hacia una arquitectura de vigas huecas de grandes luces como las empleadas en tal vez una de sus obras más reseñables: el madrileño Centro de Estudios Hidrográficos [1960-63].

Comienza esa etapa más tectónica, firmada siempre bajo la masividad del hormigón armado. El empleo del hormigón armado en la obra de Fisac se presenta siempre como un elemento con mucha mayor complejidad técnica y con un abanico mucho mayor de posibilidades que cualquier otro material puede ofrecerle. Tras una primera mitad de siglo —hablamos obviamente del siglo XX— en la cual su intensivo uso pareció llegar a un agotamiento material, podemos afirmar todo lo contrario; es decir, que en el comienzo de esa segunda mitad de siglo es, probablemente, cuando este material llegó a su máxima búsqueda de posibilidades arquitectónicas y a su pleno rendimiento en cuanto a expresividad plástica se refiere. Fisac se planteó una serie de premisas para con su trabajo con dicho material: la primera, su incondicional relación con respecto a la forma, siendo un material al que acaba dando cuerpo un simple “molde”, por lo cual su fabricación no condiciona ninguna forma especial; la segunda, que el hormigón armado no es sólo un material con carácter estructural sino que, como cualquier material pétreo, es capaz de dotar a la creación de espacios de un carácter humanizado, algo esencial en arquitectura; la tercera, que el trabajo con hormigón, ya sea pretensado o postesado, es el único material de carácter pétreo capaz de trabajar bien en estructuras adinteladas.

Fijadas estas tres premisas, Fisac entiende que la creación de toda pieza arquitectónica debería seguir este proceso: primero, proyectar la forma y disposición más adecuadas a la función o funciones que albergará el edificio; segundo, decidir qué tipo de tratamiento general de pretensado, tanto técnica como económicamente, es más adecuado; y tercero, encontrar las más estrictas secciones de trabajo con la pieza que proporcionen el menor gasto material, el menor peso propio y, consecuentemente, la menor cantidad de acero de armar dentro de la estructura. El estudio de todos estos condicionantes es el que consiguió llevarle hacia soluciones ligeras, cerradas y huecas; presentando analogías con los huesos de los vertebrados, una solución tal vez conveniente debido a su cierto paralelismo con estas soluciones naturales. 

Laboratorios Jorba, Miguel Fisac, Madrid. Image © CC0 1.0 Universal [Public Domain Dedication]
Laboratorios Jorba, Miguel Fisac, Madrid. Image © CC0 1.0 Universal [Public Domain Dedication]

Estos estudios pueden verse reflejados en todos los laboratorios que Miguel Fisac proyectó a las afueras de Madrid a partir de 1950; como el mencionado Centro de Estudios Hidrográficos, con una cubierta de 22 metros de luz ensamblada a partir de piezas prefabricadas y huecas de un metro de longitud; o la torre de los laboratorios Jorba [1965-67], en la que, por medio de pisos alternos, cada planta gira 45 grados con respecto a la contrapuesta, produciendo proyecciones angulares en voladizo y cubriendo parcialmente cada una de las plantas por medio de fragmentos de paraboloides hiperbólicos. Sobra decir que este ingenioso artificio rayaba lo meramente gestual y, al margen de la brillantez del arquitecto, solamente un constructor excepcional podría llevarlo a cabo.

Al examinar el conjunto de su carrera, uno tiene la impresión de que, como Jean Prouvé y Marco Zanuso, Miguel Fisac alcanza su esplendor como constructor; es decir, como alguien que, estrictamente hablando, no es ni arquitecto ni ingeniero. Por tanto, sus mejores obras se originan cuando la organización del espacio y la solución formal están íntimamente ligadas al método constructivo. Como ocurre en el caso de Auguste Perret, la obra de Fisac está inseparablemente ligada al uso del hormigón armado, siendo la principal diferencia entre uno y otro el gusto del arquitecto manchego por las estructuras huecas postesadas. Este es su método, esa su manera de hacer. Miguel Fisac se mueve por los intersticios del gremio: notable arquitecto, ingeniero sensible, constructor eficaz; un homo faber.

Sobre este autor/a
Cita: Borja Fernández. "Miguel Fisac: de lo tectónico a la arquitectura" 28 ene 2019. ArchDaily Colombia. Accedido el . <https://www.archdaily.co/co/909475/miguel-fiscal-de-lo-tectonico-a-la-arquitectura> ISSN 0719-8914

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