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En esta segunda entrega sobre las transformaciones en marcha en Nueva York, Kosme de Barañano se centra en la obra que desencadenó a principios del siglo XXI una de las más profundas transformaciones de la ciudad: el parque High Line. High Line: Sobre todo jardín En 1999, la ciudad se preparó para firmar la demolición de una línea de ferrocarril de carga, la llamada High Line, que estaba elevada sobre la calle y en desuso, y que se extendía desde la calle Gansevoort es decir, un poco más abajo de la calle 14, hacia el norte, hasta los patios y cocheras de trenes de la calle 34, a través de los barrios de Chelsea y West Village. El actualmente llamado High Line Park es la consecuencia de la voluntad férrea de dos ciudadanos normales pero determinados en no perder calidad de vida en su barrio: Robert Hammond, un consultor de start-ups de internet, y Joshua David, un escritor de viajes. Tras conocerse en una reunión de la junta del distrito en ese año de 1999, decidieron luchar con los funcionarios municipales que planeaban derribar aquella estructura ferroviaria abandonada. En 2003, la asociación formado por ellos, The Friends of the High Line, estimuló el interés de la comunidad por el potencial del viaducto mediante el patrocinio de un concurso de ideas que se celebró en 2004. Los ganadores fueron los arquitectos paisajistas y diseñadores urbanos James Corner Field Operations y el estudio de los tres socios Diller, Scofidio + Renfro Architects. Ver más Ver descripción completa
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