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El estado existente del apartamento pertenecía a un modo de habitar incompatible con los requerimientos del nuevo propietario. Estos nuevos requerimientos, aun partiendo de la convencionalidad doméstica, dejaban la suficiente libertad para tratar la nueva vivienda de una manera menos encorsetada. Por lo tanto, la nueva propuesta parte del derribo total de la situación preexistente, respetando únicamente el sistema estructural (por motivos técnicos y económicos, se descartaron intervenciones estructurales). La propuesta implanta dos elementos en forma de L que engloban aquellas funciones que el nuevo propietario, un hombre soltero, requería con una cierta independencia: una primera L orientada hacia el acceso acoge la zona de cocina, y una segunda L alberga los espacios de dormitorio con baño en suite. El resto del espacio se pretende que fluya libremente por el interior, para potenciar al máximo la sensación de espacialidad y abolir los límites entre habitaciones: por ejemplo, tanto el dormitorio, como el baño de invitados, se cierran con grandes puertas pivotantes sobredimensionadas, de suelo a techo, sin marcos perimetrales. Esto hace que los cerramientos no sólo se interrumpan al llegar a las puertas (no hay dinteles), sino que al abrirse, la comunicación es total y el espacio se cuela a su través, extendiendo los espacios comunes a estas estancias cuyo uso se prevé ocasional, evitando por lo tanto que permanezcan cerradas y residuales. Ver más Ver descripción completa
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