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Cómo mejorar la educación arquitectónica: aprender (y desaprender) del método Bellas Artes

  • 11:00 - 15 Octubre, 2017
  • por Michaela Wozniak
  • Traducido por Isadora Stockins
Cómo mejorar la educación arquitectónica: aprender (y desaprender) del método Bellas Artes
Cómo mejorar la educación arquitectónica: aprender (y desaprender) del método Bellas Artes, © Steven Lin
© Steven Lin

Aprender a diseñar es difícil. Requiere que los estudiantes aprendan una forma completamente nueva de pensar y ver el mundo. Incluso requiere un vocabulario completamente nuevo. Entonces, la escuela de arquitectura es con razón difícil. Sin embargo, la escuela de arquitectura es conocida por ser difícil por las razones equivocadas; el estudio se considera un lugar místico en los campus universitarios llenos de estudiantes privados de sueño que están diseñando simplemente porque los profesores decretan que deben hacerlo, tanto que cuando un estudiante que no es de arquitectura se encuentra con un estudiante de arquitectura en el patio, inmediatamente ofrecen sus condolencias. Esta percepción existe porque la cultura de estudio todavía no ha evolucionado a partir de su rígida jerarquía, originada en el método de enseñanza de Bellas Artes, la cual se nutre de la competencia y la intensidad y crea un caldo de cultivo para estudiantes infelices.

© Jeff So
© Jeff So

El período Beaux Arts en París tuvo cuatro elementos principales: la École, los talleres privados, el Salón y la vida en el café [1]. La École fue el estudio rígido y tradicional de la pintura y la arquitectura clásica, que culminó en el Gran Premio de Roma, una competencia en la que el ganador obtendría una beca completa para estudiar en Roma. En los pequeños talleres independientes, los estudiantes aprendieron directamente bajo un "maestro" con todo el éxito de los estudiantes reflejados directamente en el maestro; el éxito en la crianza generando una jerarquía estricta. El salón anual de París era el espectáculo en el que se mostraban al público los mejores trabajos elegidos por un jurado. Por último, la vida parisina de los cafés fue la extensión informal de los talleres y la Escuela, en la que las personas se reunieron para debatir sobre el diseño.

Las escuelas de arquitectura contemporánea mantienen muchas de las ideas centrales del método de Beaux Arts: la creación de competencia e intensidad entre los estudiantes, la estricta jerarquía de estudiantes y profesores, y el poder del jurado o el profesor para decidir sobre lo "correcto" y el mejor trabajo del estudiante. Sin embargo, hoy en día las escuelas han perdido el aspecto informal del café y con él el espíritu de discutir el diseño en un ambiente más informal. Si desmontamos la rígida jerarquía y la necesidad de competencia y recreamos el estilo informal de café de la discusión arquitectónica y la innovación en las escuelas de arquitectura contemporánea, entonces éstas se convertirían en mejores entornos para el aprendizaje y el diseño.

© Flickr user ks_archi205-2009 licensed under CC BY-NC-ND 2.0
© Flickr user ks_archi205-2009 licensed under CC BY-NC-ND 2.0

Trabajo como guía turística para la Escuela de Arquitectura de Syracuse y cada vez que les doy a los posibles estudiantes un recorrido por la escuela, les digo que mi parte favorita de estudiar allí es la inclusión que existe en la Escuela de Arquitectura. Les digo que somos una escuela única que solo tenemos una carrera con todos alojados en el mismo edificio, Slocum Hall. Les digo que Slocum es maravilloso porque dentro de la sala de conferencias, el laboratorio de computación o incluso el ascensor puedes entablar una conversación con alguien sobre el diseño. Les digo que cada estudiante, desde los alumnos de primer año hasta los que están cursando su tesis en quinto año, está interesado en aprender unos de otros y discutir lo que sucede en los estudios de los demás. Y hablo en serio. Sin embargo, hay un punto débil en esta inclusión cuando se trata de profesores y la cultura de estudio que perpetúan.

Todos los años en Syracuse Architecture se celebra la Competencia Slivers, en la cual cada estudiante de segundo año completa un dibujo singular en respuesta a un encargo. Cuando completé la competencia junto a mi generación, todos trabajamos codo a codo y caminamos discutiendo con entusiasmo todos los dibujos, fascinados por la forma en que más de cien estudiantes interpretaron el mensaje de manera diferente. Luego llegaron los profesores. Anunciaron a los ganadores de la competencia y desmantelaron el divertido entorno de diseño que naturalmente habían fomentado los alumnos. Todos los estudiantes habían estado celebrando la diversidad de interpretación, ideas y estilos de producción, pero al imponer designaciones de diseño "correctas" e "equivocadas", los profesores crearon una cultura de estudio negativamente competitiva en la cual los estudiantes cuyo trabajo no fue seleccionado de repente se vieron avergonzados de sus producciones y simplemente no estaban contentos de estar allí.

© Ien Boodan
© Ien Boodan

Por supuesto, la cultura de estudio todavía necesita críticas y comentarios de los profesores. Sin embargo, la jerarquía rígida de los profesores y miembros del jurado que son los únicos que poseen conocimiento sobre el tema hace que sea imposible abrir los diálogos de diseño. Las escuelas deben nivelar el campo de juego invitando a los estudiantes a tener la misma voz que los profesores. Al hacerlo, las escuelas de arquitectura se convertirían en lugares en los que estudiantes y profesores puedan unirse para inspirarse y aprender unos de otros con la misma pasión.

El estudio más productivo en el que he estado fue con mi profesor de primer año, Sekou Cooke, quien insistió en que lo llamemos por su primer nombre. En su pensamiento, dentro de cinco años seríamos sus colegas, entonces ¿por qué no empezar a actuar tal cual ahora? Esa fue una declaración lógica, pero fue completamente nueva para nosotros debido a que tantos profesores obligan a la jerarquía donde se espera que los estudiantes respeten e incluso a menudo teman a los profesores. En su estudio todos los viernes tuvimos que exponer nuestro trabajo y comentar cada proyecto individualmente. Sekou requirió que declaremos nuestros comentarios en el formato de "Lo que funciona es ____. Lo que no funciona es ____. Y lo que se podría hacer de manera diferente es ____." Como estudiante de primer año fue insoportable. Y luego a la mitad del semestre, hizo clic. Tuvimos que seguir este formato porque estábamos aprendiendo a ver los proyectos y considerar los éxitos, los defectos y el margen de mejoramiento de cada proyecto. Era esencial para nosotros aprender a mirar críticamente nuestro propio trabajo y dar retroalimentación a nuestros compañeros de clase sin que el profesor decretara lo que era correcto e incorrecto en cada proyecto. También dejó espacio para la mejora en cada proyecto, permitiendo que cada alumno continúe trabajando para mejorar su proyecto y para ser el mejor diseñador posible.

Sekou Cooke escucha a un estudiante en su exposición de Tesis de Arquitectura en la Universidad de Siracusa el año 2014. Imagen © Stephen Sartori
Sekou Cooke escucha a un estudiante en su exposición de Tesis de Arquitectura en la Universidad de Siracusa el año 2014. Imagen © Stephen Sartori

Ya se han realizado esfuerzos para investigar el potencial de los estudios de arquitectura colaborativa, sobre todo por el proyecto Pedagogías Radicales en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Princeton [2]. Trabajando junto a sus estudiantes de doctorado, este proyecto político liderado por Beatriz Colomina experimenta con la educación arquitectónica y el potencial de colaboración en la educación del diseño. La idea de la colaboración dentro de la escuela de arquitectura coincide perfectamente con la realidad de que todas las empresas de arquitectura funcionan gracias a la colaboración en el diseño.

Pero incluso si las "Pedagogías Radicales" exploradas por Colomina y su equipo son demasiado innovadoras para la educación arquitectónica convencional, las escuelas de arquitectura deben aflojar sus estructuras para que los estudiantes, los miembros de la facultad y el personal sean considerados iguales en el campo del diseño. Un rescate del informal café estilo parisino de discusión y colaboración de diseño permitiría a las escuelas de arquitectura fomentar la innovación arquitectónica y sería un paso hacia la creación de una plataforma de respeto mutuo en la que los estudiantes y profesores puedan inspirarse y aprender unos de otros. Al dejar atrás la jerarquía del conocimiento y la aplicación de los diseños "correctos", las escuelas estarían abiertas a más experimentación e innovación. Si podemos crear más momentos como el comienzo del Proyecto Slivers cuando apreciamos el trabajo de los demás y nos esforzamos por aprender unos de otros, entonces la percepción en el campus cambiará desde una donde los otros estudiantes se compadecen de los estudiantes de arquitectura a una donde nos envidian.

Michaela Wozniak está en su tercer año en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Syracuse con un doble título en geografía. Ella nació en Cambridge, MA y está interesada en seguir una carrera en diseño urbano.

Referencias:

  1. John Singer Sargent Virtual Gallery. Updated Dec. 13, 2014.
  2. Radical Pedagogies. Princeton University School of Architecture.

Sobre este autor/a
Michaela Wozniak
Autor
Cita: Wozniak, Michaela. "Cómo mejorar la educación arquitectónica: aprender (y desaprender) del método Bellas Artes" [How to Improve Architectural Education: Learning (and Unlearning) From the Beaux Arts Method] 15 oct 2017. ArchDaily Colombia. (Trad. Stockins, Isadora ) Accedido el . <https://www.archdaily.co/co/881632/como-mejorar-la-educacion-arquitectonica-aprender-y-desaprender-del-metodo-bellas-artes> ISSN 0719-8914

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