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Las inversiones públicas para satisfacer tanto a las exigencias de los organizadores como al espectador/turista en los últimos eventos internacionales parecen estar limitadas -en el mejor de los casos- al mes de transmisiones televisivas para luego caer en un lamentable estado de abandono que las autoridades no quieren asumir. Cuando la antorcha se apaga; cuando los campeones del Mundo vuelven a sus países y se acaba la magia, estos estadios, piscinas, velódromos y villas olímpicas se convierten en elefantes blancos imposibles de repletar.Sigue leyendo después del salto. Ya se oscureció en Beijing (Pekín) y al salir del Metro, una brisa cálida de verano recorre el paseo peatonal que separa al Estadio Nacional (Nido de Pájaro) del Centro Nacional Acuático de Beijing (Watercube). Ya han pasado seis años de los Juegos Olímpicos que albergó China, y el complejo público olímpico que alberga ambas construcciones es muy concurrido incluso a estas horas de la noche: stands comerciales que siguen vendiendo recuerdos de los Juegos Olímpicos, locales de comida típica, fotógrafos que deambulan ofreciendo tomar fotografías a los turistas y familias que aprovechan la lluvia tropical para pasear o hacer ejercicios. Ver más Ver descripción completa
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