Agrandar imagen | Ver tamaño original
Nos gustan los restaurantes que cambian: que cada vez que vas son diferentes...que cambian con tus emociones, con el tipo de encuentro que deseas, con el ambiente que tú quieres recrear (detestamos los comederos). Nos gustan los lugares que hablan del lugar donde están, del clima en el que se ven envueltos, de lo que tienen al lado. Nos gustan los restaurantes que tienen rincones apropiables, habitáculos que pueden hacerse a la medida de cada uno Rara vez los hemos encontrado, quizás por eso aceptamos el reto de hacer un restaurante en un merca’o. Siempre los mismos: metáforas abstractas relacionadas con lo que ocurre alrededor del proyecto, el cliente, el lugar, el uso, en este caso la utilización de elementos relacionados con la cocina-comida-mercado, sacados de contexto y ofrecidos y expuestos como los cuadros de Warhol: botellas vacías (o bebidas), cacerolas, tablas de carnicero,...no como simples láminas, sino arquitecturizados (si es que existe el vocablo): celosía de botellas de vidrio verde, luminarias y techos acústicos de calderetes, mesas, bancos y suelos de tablas de carnicero. Esencialmente se persigue crear una atmósfera: cálida, entrañable, sobria, atemporal, cambiante, elegante, un tanto oriental (por el baño de la luz sobre los tejidos), donde la luz puede acentuar el día y la noche, la fiesta y la intimidad, pero que tiña los platos, y no lo bañe indiscriminadamente todo. Ver más Ver descripción completa
Compartir Compartir